Aunque en las últimas semanas las brigadas y comunidades han logrado sofocar y controlar varios de los focos más críticos en distintas regiones del país, el alivio del fuego extinguido no borra las secuelas. La emergencia no concluye cuando se apagan las llamas: para miles de animales silvestres y de pastoreo que lograron sobrevivir, la catástrofe recién comienza sobre un suelo estéril, calcinado y desprovisto de todo sustento.
Esta crisis debe ser una llamada de atención ineludible para el Estado peruano. Ante el incremento y la recurrencia de las alteraciones climáticas asociadas al Fenómeno de El Niño —que intensifica sequías prolongadas, olas de calor y vientos secos—, el país no puede seguir gestionando los desastres desde la reacción tardía. La prevención, la vigilancia activa y la preparación logística frente a eventos climáticos extremos tienen que ser asumidas como políticas públicas inmediatas y no como promesas postergables.
Cada vez que un incendio forestal se propaga, el recuento oficial se concentra en la pérdida de cobertura vegetal. Sin embargo, detrás de las columnas de ceniza hay una pérdida que suele quedar en segundo plano: la de los animales atrapados por las llamas sin posibilidad de escapar. En los ecosistemas andinos y amazónicos, el fuego puede alcanzar madrigueras y nidos antes de que los animales logren huir. Cuando el bosque o el pajonal arden, no solo se pierde el paisaje: se pierden vidas de animales que, como reconoce la Ley N.º 30407, son seres sensibles.
La dimensión de la emergencia: los incendios forestales de 2026 en cifras oficiales
Lejos de tratarse de incidentes aislados, los reportes oficiales recogidos por Actualidad Ambiental, de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA), dan cuenta de la gravedad que alcanzó esta temporada:
- 77 incendios forestales activos en simultáneo en más de diez departamentos, según el sistema de alerta temprana del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor) al 10 de octubre.
- 4262 focos de calor en solo siete días, según reportó el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) en julio. Los focos de calor son puntos de temperatura anómala detectados por satélite que pueden indicar un incendio.
- Alrededor de 12 mil hectáreas de vegetación natural afectadas en lo que va de 2026, a las que se suman 1138 hectáreas de cultivos perdidas.
Estas cifras muestran la magnitud territorial del fuego, pero no reflejan el costo biológico más severo: el sufrimiento directo de las especies que habitaban esos espacios.
Animales atrapados por el fuego: el impacto durante y después del incendio
En zonas rurales y comunidades altoandinas, el fuego alcanzó directamente a los animales de crianza familiar y de pastoreo. Según las cifras oficiales, 920 animales de ganado resultaron afectados, y 88 de ellos murieron.
En el caso de la fauna silvestre, los reportes oficiales difundidos no incluyen cifras de animales afectados. Especies de desplazamiento lento, como crías, anfibios, reptiles y pequeños mamíferos, pueden morir en sus refugios sin que su pérdida quede registrada.
Incluso en las zonas donde las cuadrillas lograron controlar las llamas, la supervivencia de los animales que escaparon sigue en riesgo:
- Pérdida de alimento y agua: la ceniza cubre los pastos nativos, seca los ojos de agua y destruye los frutos, y deja a los animales sin sustento.
- Desplazamiento: al huir desorientados hacia carreteras o poblados, muchos quedan expuestos a atropellos o al ataque de perros.
- Pérdida de hábitat: según el Ministerio del Ambiente, los incendios forestales degradan los ecosistemas y provocan la desaparición de flora y fauna, lo que reduce la capacidad de estos espacios para albergar vida.
¿Accidente o cambio de uso de suelo?
Frente a estas catástrofes, suele argumentarse que se trata de hechos fortuitos. La evidencia técnica dice lo contrario: según el Ministerio del Ambiente (MINAM), el 98% de los incendios forestales en el país son causados por actividades humanas, sobre todo por quemas agrícolas y de pastizales que, con la sequía y el calor, se salen de control.
Entre las causas que identifica el Minam también figura la quema intencional por parte de traficantes de terrenos. En estos casos, el fuego se usa para eliminar la cobertura original de bosque o pajonal y forzar un cambio de uso de suelo, es decir, convertir áreas naturales en terrenos para actividades agropecuarias u otros fines.

Prevención y atención veterinaria: lo que pedimos al Estado
La recurrencia y la escala de estos incendios muestran los límites de la gestión actual. Especialistas consultados por Actualidad Ambiental advierten que el modelo está enfocado en la respuesta y no en la prevención, que no existe una autoridad que articule el trabajo de las entidades antes de que ocurran los incendios y que el Plan Multisectorial ante Incendios Forestales 2025-2027 no contempla el uso planificado del fuego como herramienta de prevención.
Desde Compromiso Verde, que impulsa políticas públicas en favor del bienestar animal, demandamos:
- Investigación y sanción penal efectiva a quienes provocan quemas para el cambio ilegal de uso de suelo y a las autoridades responsables por omisión de funciones.
- Implementación de brigadas veterinarias oficiales de rescate con presupuesto y protocolos de auxilio médico in situ para fauna silvestre y animales de pastoreo afectados en zonas de desastre.
Esta emergencia debe ser una lección definitiva para los tres niveles de gobierno. El fenómeno El Niño intensifica sequías prolongadas, olas de calor y vientos secos, y el Senamhi ya advirtió condiciones favorables para nuevos incendios en los Andes y el sur de la Amazonía. El país no puede seguir gestionando los desastres desde la reacción tardía: sin cortafuegos comunitarios, fiscalización estricta de las quemas ilegales y planes de contingencia reales, cualquier chispa puede convertirse en un desastre. Prevenir hoy es la mejor forma de proteger nuestros ecosistemas y a los animales que dependen de ellos.
Mientras tanto, cada persona puede ayudar. Si encuentras fauna silvestre herida o desplazada por el fuego, repórtala a Alerta Serfor vía WhatsApp al 947 588 269 o a través de su plataforma en línea.