Día Mundial de los Animales: una mirada a los animales que aún esperan protección

Cada 4 de octubre se celebra el Día Mundial de los Animales, una fecha para poner a los animales en el centro de la conversación y recordar algo fundamental: todos son seres sintientes, capaces de sentir dolor, miedo, placer y otras emociones, y de establecer vínculos y relaciones sociales. Es también una oportunidad para mirar más allá de los animales con quienes convivimos y reflexionar sobre las diferentes realidades a las que están sometidos millones de animales.

La iniciativa nació en Alemania en 1925 y, desde 1931, cuando fue adoptada internacionalmente en un congreso realizado en Florencia, se celebra el 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís, considerado patrono de los animales. Ese propósito incluye a los animales que nos acompañan en casa, pero también a otros cuya realidad conocemos poco: los animales de granja, los que son usados en espectáculos como las corridas de toros y la fauna silvestre. Conocer cómo viven es el primer paso para que esa protección llegue también a ellos.

La protección animal también avanza en las leyes

En el Perú, la protección de los animales también ha comenzado a abrirse camino en la legislación. La Ley N.° 30407, Ley de Protección y Bienestar Animal, marcó un avance importante al incorporar el abandono y los actos de crueldad contra los animales como delitos en el Código Penal.

Sin embargo, todavía existe una enorme distancia entre lo que la ley busca proteger y la realidad que viven millones de animales. Muchas prácticas que les provocan sufrimiento siguen siendo legales, especialmente cuando se trata de animales utilizados para la producción de alimentos, el entretenimiento u otras actividades humanas.

El desafío ahora es ampliar esa protección y cuestionar por qué prácticas que serían consideradas inaceptables en unos animales continúan siendo permitidas cuando afectan a otros.

Gallinas en jaulas: la realidad detrás de los huevos que consumimos

La mayoría de los animales que dependen del ser humano no vive en hogares, sino en granjas de producción intensiva. Es el caso de las gallinas ponedoras, las aves criadas específicamente para producir huevos.

En el Perú y en gran parte de América Latina, buena parte de la producción de huevos todavía se basa en las jaulas en batería. Son estructuras de alambre donde varias gallinas, por lo general entre 5 y 10, comparten un espacio reducido. Cada ave dispone de un área menor a la de una hoja A4. Pasa entre uno y dos años sobre un piso de rejilla inclinado, sin poder caminar, hacer un nido, posarse en una percha, darse baños de arena ni extender por completo las alas.

Estas condiciones afectan su salud. Las gallinas pueden sufrir debilidad y deformaciones óseas, fracturas, pérdida de plumaje y altos niveles de estrés, porque no pueden realizar los comportamientos propios de su especie.

La buena noticia es que existen alternativas y que la ciudadanía está atenta. Según el estudio de opinión realizado por Ipsos y Compromiso Verde, el 76 % de los limeños quiere que los supermercados indiquen en sus empaques si los huevos provienen de gallinas enjauladas. Además, más del 70 % está en desacuerdo con mantener a los animales en jaulas para producir alimentos.

Esa demanda abre un camino concreto: los huevos libres de jaulas. Cada vez más empresas asumen compromisos corporativos libres de jaulas (cage-free). Son acuerdos públicos para utilizar únicamente huevos de sistemas donde las gallinas pueden moverse, extender las alas y comportarse de forma natural. Es una transición posible, que ya avanza en el país y en la región.

Cerdas, toros y fauna silvestre: realidades que suelen pasar desapercibidas

Fila de cerdas reproductoras recostadas e inmovilizadas dentro de jaulas metálicas individuales y estrechas en una granja intensiva.
En las granjas porcinas, las cerdas reproductoras pasan meses en jaulas tan estrechas que no les permiten girar sobre sí mismas ni caminar. Crédito: ElSaltoDiario

En las granjas porcinas, muchas cerdas reproductoras pasan buena parte de su vida en jaulas de gestación. Son estructuras de metal tan estrechas que no les permiten darse la vuelta, caminar ni relacionarse con otros cerdos. Pasar meses en ese espacio puede causarles úlceras, pérdida de masa muscular y conductas repetitivas asociadas al estrés.

En el plano legal hay una señal importante. Mediante la Casación N.° 1950-2024-Ica, la Corte Suprema ratificó que los animales destinados al consumo también están protegidos frente a la crueldad bajo la Ley N.° 30407. El reto para la industria no pasa por ampliar unos centímetros las jaulas, sino por avanzar hacia sistemas totalmente libres de jaulas. La eliminación progresiva de las jaulas forma parte desde hace años de la agenda de la Unión Europea, donde el Parlamento Europeo ya ha respaldado su eliminación gradual y se continúa avanzando hacia sistemas de producción libres de jaulas.

Otro caso es el de los toros utilizados en las corridas. Durante la lidia, el animal es herido con picas y banderillas antes de recibir la estocada final, frente al público. A diferencia de lo que ocurre con perros y gatos, la Ley N.° 30407 exceptúa de su alcance a las corridas de toros, las peleas de gallos y otros espectáculos declarados de carácter cultural. En 2020, el Tribunal Constitucional mantuvo esa excepción al declarar infundada una demanda que cuestionaba su constitucionalidad.

Esta excepción evidencia una de las contradicciones que todavía persisten en la protección animal: prácticas que provocan sufrimiento pueden recibir un tratamiento legal diferente cuando están vinculadas a determinadas tradiciones o expresiones culturales. El debate continúa en América Latina. En 2024, Colombia aprobó una ley que prohíbe progresivamente las corridas de toros, con un periodo de transición.

La fauna silvestre enfrenta otra realidad. En un país megadiverso como el Perú, muchas especies están amenazadas por dos problemas que se alimentan entre sí. Uno es el tráfico ilegal, que muchas veces termina con animales silvestres convertidos en mascotas. El otro es la pérdida de sus hábitats. Cuando un ave, un mono o una tortuga es extraído de su entorno para ser vendido, no solo se afecta a ese animal, sino también al equilibrio del ecosistema del que forma parte.

Oso perezoso enroscado dentro de una pequeña jaula de madera y alambre tras ser extraído de su hábitat silvestre.
Los animales silvestres no son mascotas: su extracción para el comercio ilegal destruye poblaciones naturales y rompe el equilibrio ecológico. Crédito: Mongabay

Este Día Mundial de los Animales, ¿cómo podemos cambiar estas realidades?

Lo que ocurrió con perros y gatos demuestra que nuestra relación con los animales puede cambiar. Para que eso ocurra, es necesario hacer visibles realidades que durante mucho tiempo fueron ignoradas, cuestionar prácticas normalizadas y exigir cambios. También podemos empezar por nuestras propias decisiones. Una de las formas más directas de ayudar a los animales es dejarlos fuera de nuestro plato y optar por una alimentación basada en plantas. Pero las decisiones individuales no bastan. Los cambios también necesitan ser colectivos. Podemos exigir a las empresas que abandonen prácticas crueles, impulsar leyes que amplíen la protección animal, participar en campañas y exigir a las autoridades que actúen.

Este Día Mundial de los Animales es una oportunidad para mirar más allá de los animales con quienes compartimos nuestros hogares y preguntarnos qué estamos dispuestos a hacer, individual y colectivamente, por todos los animales.

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